Falta de aislamiento térmico

a falta de aislamiento térmico: el punto débil de nuestras casas en un invierno complicado.

Los precios de la luz y el gas llevan ya muchos meses en las portadas de todos los periódicos, y no precisamente por bajos… y la mala noticia es que de cara al invierno que ya está cada vez más cerca la cosa no pinta mucho mejor. La guerra en Ucrania acentúa el alza de precios que, en la práctica, sufrimos cada uno de nosotros en nuestros hogares cuando nos llegan las facturas a final de mes.

 

Desde el sector de la construcción y la rehabilitación se lleva advirtiendo desde hace tiempo que hablar de confort térmico no es solo buscar un buen sistema de calefacción o aire acondicionado, si no también (o incluso más importante), centrarnos en el aislamiento térmico de nuestras viviendas. El problema es que éste, el correcto aislamiento, es justo uno de los factores más descuidados y al que menos importancia se presta de nuestro parque de edificios sumamente envejecido.

Si la vivienda o edificio no tiene aislamiento térmico porque son viviendas más antiguas, o bien porque ese aislamiento no es el suficiente o está mal instalado, al final nos encontraremos con los temidos puentes térmicos, y por tanto necesitamos romper esos puentes térmicos tanto para que el frío y calor no pasen al interior de la vivienda, como para que el ‘confort’ que generamos en el interior mediante sistemas de climatización no escape al exterior.

 

Pero, ¿qué supone que nuestras viviendas no estén correctamente aisladas?

A priori es una cuestión, como decíamos, a la que no solemos dar demasiada importancia, pero el no tener un correcto aislamiento implica dos cosas:

  • Por un lado, el calor (o el frío, en verano) que generamos mediante el sistema de climatización que tengamos en casa, y que pagamos actualmente a precio de oro, se escapa literalmente a través de la envolvente del edificio o vivienda, ya sean ventanas, fachada, cubiertas, suelos… Generamos una energía y confort que no llegamos a aprovechar debido al mal aislamiento.
  • Por otro lado, y no menos importante, todo el calor o frío del exterior logra penetrar mejor en el interior de nuestras casas, al no estar estas correctamente aisladas (y, como es lógico, necesitaremos mayor gasto energético para alcanzar una temperatura de confort).

 

 

¿Cómo sé si tengo pérdidas de calor o de frío en casa?

Muy fácil: si notamos que estamos poniendo la calefacción muy alta y aun así no alcanzamos una temperatura de confort, es porque hay pérdidas. Además, por ejemplo, en invierno si tenemos la casa cerrada, y la temperatura en el interior de la misma baja mucho, significa que la temperatura del exterior se está colando en nuestra vivienda.

Si queremos saberlo con mayor precisión, con una cámara termográfica se pueden ver las pérdidas reales.

¿Y cómo funciona?

Si tenemos encendida la calefacción y hacemos una foto por el exterior de la vivienda y vemos que la fachada, o el marco de la ventana, por ejemplo, está en gamas cálidas (rojo, naranja o amarillo), eso significa que esa parte está caliente y por tanto, que el calor del interior está ‘escapando’ al exterior.

Si al hacer la foto, la fachada sale azul o morado, vemos que no hay pérdidas y por tanto, no habría problemas en esas juntas. Ya no es tan costoso ni complicado como antes acceder a esta tecnología, incluso hay algunas apps de móvil que asignan a la parte del exterior vivienda que fotografíes unos colores que van de gamas frías a gamas cálidas, y que sirve para hacerse una idea.

 

¿Qué podemos hacer?

La respuesta está clara: es importante y urgente que se acondicionen las viviendas, ya sean de nueva construcción o antiguas (mediante rehabilitación), para que cumplan con las actuales exigencias del Código Técnico de la Edificación (CTE).

En función de la zona climática donde esté la vivienda será más recomendable un tipo de  aislamiento u otro, y es fundamental que ese aislamiento térmico sea continuo por toda la envolvente del edificio para evitar los temidos puentes térmicos, fisuras o filtraciones que es por donde se ‘cuela’ el frío o el calor y que se dan sobre todo en las juntas entre las ventanas, entre la fachada y el forjado, cubierta con fachada, etc.

Hay 3 maneras de aislar: la primera opción siempre sería aislar por el exterior (fachada), ya de esta forma nos aseguramos de que no hay puentes térmicos. Si no fuera viable, existen tanto el aislamiento por el interior de la vivienda, como por el interior de la cámara. Estos sistemas no son tan eficientes y se pueden generar puentes térmicos, pero ayudarán a mitigar las pérdidas y a generar espacios de mayor confort en la vivienda y menos gasto.

 

¿Estoy a tiempo de mejorar el aislamiento de mi casa para este invierno?

Aunque parezca que es tarde, no es cierto. Cuanto antes se empiece mejor y siempre será mejor hacer algo que nada. En cualquier caso, como soluciones rápidas podríamos nombrar los burletes, aislamiento de tuberías, ventanas con doble o triple cristal, sellar las rendijas…

Además, ahora hay una oportunidad única ya que los fondos europeos a la rehabilitación energética subvencionan este tipo de reformas, con ayudas que pueden alcanzar hasta los 18.000 euros en el caso de obras en edificios para subvencionar hasta el 80% de la obra de rehabilitación que se lleve a cabo.